6 de marzo de 2012

— El sol ya va nacer — dijo ella. La voz entrecortada, las frases murmuradas en la oscuridad de la noche. Era posible observar todas las estrellas del mundo en aquel cielo sin luna — ¿Por que el tiempo pasa tan rápido? Si me dejas en la soledad  no soportare tu ausencia. Tu lo sabes mejor que nadie.
— No digas eso, por favor.
— ¿Por favor? —Su voz desapareció y miro hacia el cielo para no dejar escapar una lágrima — No conozco un día de mi vida sin ti. Antes de verte ya te conocía.
— Estas exagerando!
— No lo estoy — lanzo su cabeza para atrás apoyandose en la manos. Los cabellos negros y rizados como un velo oscuro sacudían junto al viento, dejando escapar el perfume de las flores que no existían en ese invierno, el perfume estaba solo en ella — La primera vez que te vi, no fue como ver a un extraño cualquier. Fue como reconocer a un viejo amigo que paso una temporada distante. Nací para encontrarte.
— Mi hora de partir se acerca —sus manos pasaron por el cabello de ella. Ella paso sus brazos alrededor de sus rodillas y apretó con toda la fuerza que tenia. Poso su cabeza en sus piernas y se concentro en no dejar caer ninguna lágrima ya había dejado caer demasiadas y seguía sintiéndose llena de ellas. Soltó un gemido de dolor, ¿ alguna vez haz sentido que el dolor mental se convierte en físico y escapa sin que puedas detenerlo? Ella subió la cabeza y volvió a mirar el cielo con ojos de suplica, él se limito a enredar sus dedos en el cabello de ella sintiendo la textura suave que le proporcionaba aquellos largos cabellos.
 — Prometeme que en otra vida me amaras y que en ella estaremos toda una eternidad — dijo ella mientras seguía viendo el cielo sintiendo sus caricias.
— Te lo prometo
— Juralo. Juralo por el cielo, por las estrellas
—Que el cielo se derrita y las estrellas se apaguen lentamente si lo que digo no es verdad.

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